El «Amor» camina con bastones
He visto en el jardín a alguien que se hace llamar Amor. No sé si es un hombre o es una mujer. Quienes le conocen gritan desde lejos su nombre y alargan la letra «o» para darle mayor énfasis. Todos los hacen así. Él (o ella) sonríe y asiente con la cabeza cuando oye su nombre. Él (o ella) es tremendamente gordo (o gorda, claro) y camina con dos bastones. Se maquilla mucho. Demasiado. Parece una máscara. Su voz es demasiado aguda para ser masculina y demasiado grave para ser femenina. Mejor, llamémoslo «ello».
Ello parece tener muchos admiradores y admiradores procedentes de todas las plantas. Sus edades son también variadas. Siempre besan a Amor en los labios. «Ello» siempre habla dando gritos y parpadea a velocidad de vértigo con sus pestañas postizas. Sus bastones tienen sendas cabezas de animales en sus extremos y las uñas con «ello» recorre sus formas, labradas en algo parecido al marfil, son rojas, muy rojas.
Hace un momento, tras una animada conversación con un gran grupo de admiradores y admiradoras, Amor se ha quedado quieto, petrificado, en silencio e inmóvil. La boca se le ha empezado a abrir sola y la mirada se le ha quedado perdida. Han hecho falta al menos ocho enfermeros tamaño XXL para sacarlo del jardín en una camilla. Parece ser que esto le pasa habitualmente. Y es que... así es el amor, estúpido e impredecible y, sobre todo, insoportablemente inestable y traidor.


torito bravo dijo
Totalmente de acuerdo con vosotros, el amor es estúpido e impredecible. Aunque...solo a veces...
3 Agosto 2005 | 05:56 PM