Las voces se han columpiado hoy
toda la noche.

Puertas selladas rotas a gritos.
Pasos veloces y zuecos de goma.
Ruedas. Pies a rastras. Crujidos.
Golpes huecos.

El pasillo, el mudo pentagrama
de la voz grabada
en pesadilla.

Las gargantas se agitaban
detrás de los tabiques.
Los chasquidos de dedos,
los ruidos de correas, las camillas,
desfilaron, completos, irrepetibles,
inmensos, machacones,
al otro lado enorme
de mi puerta cerrada
por el miedo.

Ellos, su voz, su grito.
Ellos, su vómito agudo,
su quejido chirriante,
su voz con fauces,
su respiración.

Ellos son los locos.